Me gustan los días de lluvia.
Esos días en los que te levantas de la cama y una cortina de agua te impide ver más allá de dos palmos.
Esos son los días perfectos para darte la vuelta, abrazar a quien está a tu lado y dormir un rato más, quizá esperando a que siga lloviendo durante meses para no tener que abandonar ese momento.
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