Tengo pocos amigos, pero buenos; no me gusta la gente ni yo a ella, soy fría pero cariñosa, odio el olor a sobaco, que me toquen, el sudor; me agobio por casi nada, soy muy criticona, cabezota, orgullosa, quejica pero buena enferma, lloro poco, en mi habitación reina el desorden y no tengo intención de cambiar esa situación; la timidez me representa, me da miedo la oscuridad, no me gusta correr, ni encontrarme a alguien en el metro cuando voy leyendo, no me gusta que me miren pero si algo me llama la atención no puedo apartar la vista, me enfado mucho y sin razones, pero luego me desenfado;odio las mentiras, pero a veces las digo, y en mi cabeza hay tantos pensamientos que suelo ser incapaz de ordenarlos.
lunes, 25 de abril de 2011
martes, 12 de abril de 2011
El poeta
Para ti, que conoces cómo la piedra canta,
y cuya delicada pupila sabe ya del peso de una montaña sobre un ojo dulce,
y cómo el resonante clamor de los bosques se aduerme suave un día en nuestras venas;
para ti, poeta, que sentiste en tu aliento
la embestida brutal de las aves celestes,
y en cuyas palabras tan pronto vuelan las poderosas alas de las águilas
como se ve brillar el lomo de los calientes peces sin sonido:
oye este libro que a tus manos envío
con ademán de selva,
pero donde de repente una gota fresquísima de rocío brilla sobre una rosa,
o se ve batir el deseo del mundo,
la tristeza que como párpado doloroso
cierra el poniente y oculta el sol como una lágrima oscurecida,
mientras la inmensa frente fatigada
siente un beso sin luz, un beso largo,
una palabras mudas que habla el mundo finando.
y cuya delicada pupila sabe ya del peso de una montaña sobre un ojo dulce,
y cómo el resonante clamor de los bosques se aduerme suave un día en nuestras venas;
para ti, poeta, que sentiste en tu aliento
la embestida brutal de las aves celestes,
y en cuyas palabras tan pronto vuelan las poderosas alas de las águilas
como se ve brillar el lomo de los calientes peces sin sonido:
oye este libro que a tus manos envío
con ademán de selva,
pero donde de repente una gota fresquísima de rocío brilla sobre una rosa,
o se ve batir el deseo del mundo,
la tristeza que como párpado doloroso
cierra el poniente y oculta el sol como una lágrima oscurecida,
mientras la inmensa frente fatigada
siente un beso sin luz, un beso largo,
una palabras mudas que habla el mundo finando.
lunes, 4 de abril de 2011
A los mayores les encantan las cifras. Si les habláis de un nuevo amigo vuestro, nunca os preguntarán por lo esencial. Nunca os dirán: "¿Cuál es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que más le gustan? ¿Hace colección de mariposas?" Os preguntarán: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?" Son así. Y no hay que guardarles rencor. Los niños tienen que ser muy indulgentes con los mayores.
Pero, claro, a nosotros, que comprendemos la vida, los números nos importan un comino.
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